Mostrando entradas con la etiqueta Obras liberadas. Descarga gratis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Obras liberadas. Descarga gratis. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Cuaderno chiapaneco. Solidaridad de crepúsculo"

image005

Los indígenas de Chiapas, el EJÉRCITO de liberación NACIONAL que los depredó y la Industria Occidental de la Solidaridad

CUADERNO CHIAPANECO I. SOLIDARIDAD DE CREPÚSCULO

Sobre los procesos autónomos de resistencia indígena hace tiempo que gravitan, al modo del depredador y del carroñero, las más diversas formaciones políticas de planta occidental (partidos, sindicatos, organizaciones político-militares, plataformas de activismo social proselitista,…).
Conocemos el resultado: un avance incontenible del “indigenismo de integración”, afiliado por fin a la mítica del Estado Social de Derecho, y un aplastamiento genocida de las experiencias que no se dejan reclutar por las ideologías y las prácticas “democratistas”, meramente “humanizadoras” del Capitalismo y de sus modalidades de Estado.

América Latina no cesa de suministrar ejemplos dolorosos de este doble filo de la cuchilla occidentalizadora, estatocéntrica y pro-capitalista. Por un lado, se absorbe todo lo que se deja asimilar; por otro, se aniquilan las alteridades genuinamente insobornables, irreconciliables e irrecuperables. Z. Bauman se refirió a esa doble faz del control institucional de la diferencia: por un lado, se orquestan “estratégicas fágicas” (de inclusión, de incorporación) y, por otro, se despliegan “procedimiento émicos” (de expulsión, de exterminio).

Y cada semana hay muertos, muchos simbólicamente rentabilizados por burocracias políticas “contestatarias”, “opositoras”, aún así conceptual y filosóficamente emparentadas con los poderes etnocidas que proclaman combatir.

Sobre los mencionados proyectos autónomos de los pueblos originarios también cayeron los afanes “humanitarios” o “revolucionarios” de minorías europeas y europeizadas que contaban con la industria de la “cooperación internacional”, de la “solidaridad transcontinental” o de la “colaboración militante” para abonar sus propios procesos de auto-afirmación como “consciencias críticas”, “gentes comprometidas” o “combatientes del Sistema”.

Sobre ellos, hace décadas que nos alertó Iván Illich en una conferencia memorable: “¡Al diablo con las buenas intenciones!”. Ubicándose entre los supuestos “necesitados”, entre los “vulnerables”, entre las “víctimas” de la apisonadora liberal-capitalista, terminaba su charla con un ruego elocuente: “Pero, por favor, no nos vengan a ayudar”. La “solidaridad de los acomodados” era leída como un arma del imperialismo cultural de los países del Norte, como un vector de occidentalización mental y psicológica y como instancia de desnaturalización de los procesos indígenas.

CUADERNO CHIAPANECO I. SOLIDARIDAD DE CREPÚSCULO es una película documental no-convencional que merodea, durante cerca dos horas y medias, esos asuntos. Se realizó desde una enorme precariedad de medios y se editó de manera casi artesanal.

Se distancia de la praxis político-ideológica del EZLN en aspectos puntuales, aunque decisivos: la escolarización de los niños indígenas; la conversión de los Caracoles en “escaparates” mediáticos de la insurgencia, donde se concentraba a los cooperantes nacionales e internacionales, inmediatamente aprovechados como fuerza de consumo (Coca Cola, comedor, tiendas de artesanía…), en perjuicio de muchísimas comunidades que, padeciendo el acoso paramilitar, solicitaban y no obtenían esa presencia del “observador de derechos humanos”; la ruptura del tradicional igualitarismo indígena mediante las figuras “elitistas” del Promotor de Educación (un para-profesor) y del Formador de Promotores (un para-pedagogo); su asunción de la razón mercantil y burocrática que funda la “industria occidental de la solidaridad”, facilitando acríticamente la expansión del llamado “turismo revolucionario” (“turismo militante” o “de las consciencias luminosas”), etcétera. En “La bala y la escuela. Holocausto indígena” dediqué un capítulo, el tercero, a esta cuestion (https://pedrogarciaolivo.files.wordpress.com/2014/02/la-bala-y-la-escuela-holocausto-indc3adgena.pdf)

En segundo lugar, recoge, casi de modo “naturalista”, con una técnica fría, cruda, directa, la cotidianidad, en Chiapas, de los “campamentistas de paz”, de los cooperantes internacionales del zapatismo, de toda esa tropa de “ayudadores” y “aprendedores” de la resistencia indígena. “La solidaridad de los privilegiados como privilegio de la solidaridad”, en gran medida…

Renunciando a la “voz en off”, que convierte todo documental en una suerte de “clase ilustrada”, de “prédica aderezada con filmaciones”, y confiando en una articulación en absoluto aleatoria de secuencias, fotografías, músicas y palabras, permite que el espectador construya su propia película, alcance su propio puerto de desembarque. Porque “Cuaderno chiapaneco” es la invitación a un viaje cursada desde el corazón de otro viaje.

En razón de su índole no-económica y hasta anti-económica, los dos mil DVDs editados se fueron regalando a colectivos y asociaciones interesadas en tales problemáticas. Por aquel entonces (2007), yo era profesor y podía permitirme, hasta cierto punto, ese género de altruismos. Cuando se agotaron, envié copias gratuitas a las persona que me solicitaban ejemplares del extraño ensayo fílmico. Ahora he dado el paso último, consistente en subirlo a una plataforma de visualización masiva:


Para mí, es casi un placer reconocer que esta obra “no gusta”. Me pasa a ratos lo mismo que a O. Wilde en todo momento: “Vivo con el terror de no ser incomprendido”. Se ha proyectado muchas veces, en España y en Italia; y siempre ocurría igual: la sala se iba vaciando y, al final, nos quedábamos solos el organizador y yo. Bellísimos “fracasos”, todos. Para nada “popular”, ni “popularizable”, me consta, no obstante, que ha servido a las necesidades de reflexión, de intelección, de auto-interrogación, de unas pocas personas que llegaron a estimarla particularmente. A mí me sirvió y por eso la estimo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

DESESPERAR


Pdf. de "Desesperar"


   Para la contraportada de este libro, publicado por Iralka Editorial en mayo de 2003, se ha seleccionado un pasaje que recoge con toda elocuencia una de las ideas-rectoras del ensayo: “Sólo la desesperación nos libera de la mentira interior; sólo ella nos devuelve a la realidad árida, desnuda, casi cadáver, de una condición humana ajena al menor brillo y a la más nimia trascendencia. Instrumento de la liquidación sumaria de toda Quimera, podríamos definir la desesperación como un abrir los ojos sin cobardía ante el fantasma de lo que creemos que somos; un reconocimiento frío y sosegado de nuestra pequeñez de mugre, de nuestra insignificancia de ruido tenue en medio de una noche cualquiera, de nuestra impotencia de hojarasca mecida por los vientos más comunes.”  

Fragmento de Desesperar

5.
El Hombre De La Gallina Muerta En La Entrepierna

     Hay aquí un hombre con una gallina muerta en la bragadura que rompió con todos los modos concebibles de existencia al amarrarse voluntariamente a un solo quehacer. Encadenándolo de por vida a una sola tarea, fue su libertad la que le llevó a no esperar nada de las demás ocupaciones. Un hombre que rompió con todas las mujeres al no perseguir la carne de ninguna. Puesto que tenía un mulo, y no quería llegar muy lejos, dio la espalda a las satisfacciones viajeras del progreso, clavándose en esta tierra como la raíz de un espino. Aferrándose cada mañana a su silla de montar, para ir donde siempre como si fuera la primera vez y hacer lo de todos los días con el temple explorador de un aventurero, diríase que este hombre habita alguna oscura región de un tiempo que, sin ser presente, tiene aún menos de pasado que de inviable futuro.
   ¡Claro que está desesperado! Desesperado como el desierto, como el sol, como sus ovejas y mis cabras; pero de un modo distinto al de la mayoría de los profesores que conocí mientras ejercí de charlatán a sueldo, sobornado y perpetuo. Desesperado como los que se hartaron de luchar, y como quien ya sólo lucha por instinto; desesperado como la lucha contemporánea, como los condenados a muerte y un buen número de condenados a vivir... Dejó de esperar, desesperó.

6.
No Servir Ni Para Perder El Tiempo

    Cuando concebí este trabajo, se me representó como una cala respetuosa en un mundo reo de la marginalidad, objeto del más olvidadizo desconocimiento. Sin idealizaciones. Sin prejuicios. A salvo de la exaltación romántica en igual medida que del despreciativo despotismo urbano. Mostrar lo que estas tierras y estas gentes conservan de dulzura y de veneno, todo lo que atesoran de magia y bondad lo mismo que de ramplonería y malevolencia, su equipaje de encanto y de terror. Pero, por algún motivo, quizás debido a la flaqueza de mi imaginación y a mi escasa capacidad observadora, las palabras terminaron apuntando hacia otro sitio. Al final, mi consustancial desesperación me salva siempre de esos proyectos tan racionales, tan analíticos. Y vuelvo a entregarme a un hablar de mí mismo que no debe interesar a casi nadie. De hecho, a mí no me interesa. No espero nada de esta obra. No es lícito anhelar algo de ella. Ni siquiera sirve para perder el tiempo.

7.
Un Cuarto Cerrado

    Cuando el hombre de la gallina muerta en la entrepierna golpeó al Guardia Civil que le pedía de mala manera el carné de identidad, no esperaba, muy seguramente, ir a la cárcel. Cuando ingresó en presidio, desesperó al instante de salir de allí. Ahora que está fuera, ha comprendido que todos vivimos en una prisión, más grande o más pequeña. Y dice que más vale no esperar nada de la vida, ya que es un cuarto cerrado.

8.
Pocilga Literaria

    No espero nada de la literatura -a ella tampoco le cabe esperar mucho de mí. Me considero inmune a toda esa engañifa de “la buena escritura”. La figura, clásica o moderna, del escritor de talento me parece odiosa (y, a la vez, cómica, con un deje de patetismo que forma casi parte de su gracia de bufón). Detesto el gran mundo corrompido de los autores de renombre casi tanto como el mundillo lastimero de los escritores en busca de prestigio. Me repele la idea de que pueda existir una crítica literaria que no mueva a risa y un mercado de la obra de arte que no atufe a pocilga.
   Sin embargo, no escribo.

9.
Enrollaba Los Billetes Meticulosamente Y Los Introducía En Botes De Conserva Que Luego Esparcía Por La Cambra, Donde La Humedad, El Polvo Y Las Alimañas Se Encargaban De Echarlos A Perder

      He gastado veinte años en alimentar sin descanso un concepto “épico” de lo que mi vida estaba siendo y debía ser. La épica se halla indisociablemente unida a la esperanza: “la grandeza no es algo fortuito, debe ser deseada”, escribió un criminal. Como la desesperación se identifica con la ausencia de deseo (dejar de esperar es dejar de querer), situaba yo entonces mi vida en la antípoda exacta del punto en el que ahora me encuentro. Esperaba ser Hombre, Sujeto, mi propia Obra, Gesto intencionado, mentor de la Epopeya. Esperaba modelar mi vida como el escultor la roca, hacerme y deshacerme bajo la mirada despejada de mi libertad; esperaba llegar a alguna parte, conducirme insomne aunque también caprichoso; esperaba inventar una existencia propia, más mía que yo mismo, atrozmente diferente. Hallábame henchido de esperanza, rezumante de futuro, tocado de heroicidad. Y un día tropecé con el hombre de la gallina muerta en la bragadura...
    Orgulloso, parecía brotar de la tierra misma, con el vigor y la majestad de una sabina. El sí que se me antojó, muy exactamente, “una fuerza de la naturaleza”. Fallaba menos que el sol, que las flores, que el invierno. Y no salía jamás de su única, e inconmovible, ley de comportamiento: desde el alba hasta el anochecer guardar su hatajo de ovejas. Eso, y nada más. Eso, y para nada. Conducir ganado porque, habiendo nacido aquí, “era lo que esta tierra pedía”. Millonario, no trabajaba por dinero. Austerísimo, no cambiaba dinero por propiedad: enrollaba los billetes meticulosamente y los introducía en botes de conserva que luego esparcía por la cambra, donde la humedad, el polvo y las alimañas se encargaban de echarlos a perder. Señalado como el más rico de la aldea, su ya célebre habitáculo era no obstante el más humilde -con suelo de tierra, minúsculas ventanas sin cristales, chimenea antigua por toda cocina y cuadra a modo de cuarto de baño... Concebíalo exclusivamente como un lugar donde pasar la noche y resguardarse de los fríos. Más que en una casa -se comentaba maliciosamente-, vivía en un corral, al lado de los mulos y de los perros. Instaló en aquel refugio precario, como en un guiño de ojos al mundo moderno, un teléfono que no sabía usar y una lavadora que estropeó el día de su estreno. Nada más. Mantenía mil ovejas, lo que desde un punto de vista zootécnico resulta rigurosamente “imposible” para un hombre solo. Y, dejando aparte el enigma del pajarraco muerto, jamás había estado enfermo. No se descubría en su rostro la menor huella de desdicha, tedio o ansiedad. Plácido, tibiamente sonriente y acaso un tanto vigilante, sugería la imagen de un hombre a salvo de la amargura.

["Desesperar" está en proceso de reedición por el colectivo de La Revuelta, de Zaragoza. Para obtener un ejemplar, póngase en contacto con la editorial o con el autor]