sábado, 29 de diciembre de 2012

«EL ENIGMA DE LA DOCILIDAD» Y «DULCE LEVIATÁN»

 
Pdf. de "El enigma de la docilidad"


 El enigma de la docilidad fue publicado por Virus Editorial en febrero de 2005. Se reeditó en 2009. Recogemos aquí la “Presentación” y el “Preámbulo” de dicho trabajo:

PRESENTACIÓN

    El enigma de la docilidad constituyó el “texto base” de un encadenamiento de conferencias, escrito-territorio que Pedro García Olivo recorrió en varias ocasiones, desde la primavera de 2001, permitiéndose los lujos de la improvisación apasionada y, ¿cómo no?, del extravío. En aquellas charlas, celebradas en las Universidades de Sevilla, Valencia, Albacete y Complutense de Madrid, y en algunos centros culturales de Zaragoza, Pamplona, Alicante, Bilbao, San Sebastián..., se insinuaba ya el “espesor” de un texto polimorfo, múltiple y multiplicador, un boceto que hoy transcribimos en su versión originaria, sin correcciones, afectando a tramos el apresuramiento y casi el desaliño de una escritura que se concibe como soporte de la voz, abono de la re-creación y la invención, contubernio de palabras convocadas para ser escuchadas desde el estupor más que para ser leídas con tranquilidad.
    Para los carteles en que se anunciaba la primera conferencia, celebrada en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla el 28 de marzo de 2001, García Olivo redactó unas líneas que sugieren muy bien el alcance de su trabajo. Nos serviremos de ellas para prologar un escrito que, en verdad, puede desorientar y hasta confundir a quien repare en él desprovisto de todo protocolo de lectura:

EL ENIGMA DE LA DOCILIDAD
Sobre la implicación de la Escuela en el exterminio global de la disensión y de la diferencia

    Auschwitz no fue un resbalón de la Civilización, un paso en falso de Occidente, un extravío incomprensible de la Razón Moderna, una enfermedad por fin superada del Capitalismo, lacra de unos hombres y de unos años felizmente borrados de la Historia; sino una referencia que atraviesa el espesor del tiempo y mira hacia el futuro, que nos acompaña y casi nos guía, llevándose sospechosamente bien con el corazón y la sangre de nuestros regímenes democráticos. Auschwitz fue un signo de lo que cabe esperar de nuestra Cultura: el exterminio global de la Diferencia. Sobrevendrán (y de hecho ya se están dando) otras Persecuciones de la Alteridad, otros Aniquilamientos de la Discrepancia, otros Holocaustos, mientras nosotros, cada día más instalados en la conformidad y en la indistinción, individuos misteriosamente dóciles, cerraremos impasibles los ojos...
   Considero que las democracias liberales avanzan, por caminos inéditos, hacia un modelo de sociedad y de gestión política que, a falta de un término mejor, denominaría neofascismo fascismo de nuevo cuño. Esta formación socio-política venidera se caracterizaría, en lo exterior, por la beligerancia (afán de hegemonía universal); y, en lo interior, por una enigmática e inquietante docilidad de la población (letargo del criticismo y de la disidencia), circunstancia que haría casi innecesario el actual aparato de represión física al ejercer cada hombre, en suficiente medida, como un policía de sí mismo. Por compartir con los antiguos fascismos de Alemania e Italia estos dos rasgos -expansionismo exterior y ausencia de resistencia interna-, quizás esa sociedad de mañana, si no ya de hoy, confirme la incomodante intuición de P. Sloterdijk, para quien vivimos “en la eterna víspera de aquello que ya ha sucedido”. Víspera de un horror que recordamos y con el que probablemente acabaremos hermanándonos...
   Quisiera subrayar la responsabilidad de la Escuela en este adocenamiento planetario del carácter; su implicación en la forja de la Subjetividad Única, una forma global de Conciencia -sustancialmente igual a sí misma a lo largo de los cinco continentes- replegada sobre el asentimiento mecánico y el pánico a diferir. Quisiera apuntar, contra el cotidiano trabajo homogeneizador de las Escuelas, los Hogares, los Empleos y los Gobiernos, una intempestiva defensa de la no-colaboración y de la Fuga, de la Existencia Irregular y de la Vida Nómada. Me gustaría abogar por el Peligro, ya que pronto no habrá nada en sí mismo más temible que el hecho de vivir a salvo.  

 

EL ENIGMA DE LA DOCILIDAD

SOBRE LA IMPLICACIÓN DE LA ESCUELA EN EL EXTERMINIO GLOBAL DE LA DISENSIÓN Y DE LA DIFERENCIA



(Preámbulo)

     Buenas tardes... Cabe resumir en pocas palabras la tesis que quiero presentar hoy, ante vosotros, con la intención manifiesta de que no podáis suscribirla en muchos extremos y pasemos un rato agradable, discrepando y discutiendo:

1.      Los regímenes liberales de Occidente avanzan, por caminos inéditos, hacia un modelo de gestión política y de organización social que, a falta de un término mejor, denominaría neofascismo o fascismo de nuevo cuño. Esta formación socio-política venidera, que estoy tentado de llamar también posdemocracia, se caracterizaría, de una parte, por una pavorosa “docilidad” de las poblaciones; y, de otra, por una progresiva e inquietante ‘disolución’ de la “diferencia” (cultural, ideológica, existencial, subjetiva,...) en mera “diversidad” -distintas ‘versiones’ de Lo Mismo.

2.      Compartiendo con los fascismos del pasado dos rasgos decisivos (la ausencia de crítica interna, de oposición, de resistencia de los individuos, en primer lugar; y la beligerancia exterior, el afán expansionista -anhelo de globalización, en nuestros días-, en segundo), la sociedad posdemocrática, el neofascismo del mañana, acaso ya de hoy, se especifica por otros dos caracteres, que lo señalan y distinguen como una novedad histórica: la “despolitización” acelerada de la ciudadanía, que da la espalda a la democracia como fórmula política sin enfrentarse tampoco a ella, tolerándola descreída y resignadamente; y la subrepción de las dinámicas autoritarias, la invisibilización de los procedimientos actuantes de coacción y dominio, rutilante tecnología de control social que consigue hacer de cada individuo un policía de sí mismo, el cómplice declarado de su propia coerción, instancia de autovigilancia y autodomesticación.

3.      Considero, en fin, que la responsabilidad de la Escuela en este proceso de exterminio global de la disensión y de la diferencia es inmensa; que cabe entenderla como un agente privilegiado de neofascistización de la sociedad; y que, para desarrollar ese papel, para contribuir mejor a la hegemonía planetaria de un modelo socio-político terminal, ha desplegado una lógica de reforma, de reorganización, de re-adaptación, que, paradójicamente, se expresa hoy con nitidez en las experiencias supuestamente anticapitalistas de educación, en el vanguardismo metodológico de los profesores ‘contestatarios’ y en las iniciativas ‘renovadoras’ alentadas por la Administración.

4.      He dicho “modelo socio-político terminal” porque, en mi opinión (y éste es el contexto general, el telón de fondo, de mis observaciones), estamos asistiendo contemporáneamente a los estertores del Capitalismo liberal, al lentísimo y definitivo colapso de un Sistema que, después de globalizarse, de mundializarse, ya no tendrá en rigor nada que hacer y se entregará voluptuosamente a su propia autodestrucción, a su traumática autodemolición. “¿Qué hacía Dios mientras no hacía nada, antes de la Creación? ¿A qué dedicaba sus terribles ocios?”, se preguntaba Faure y ha recordado más tarde Ciorán. “¿Qué hará el Capitalismo cuando ya no tenga nada que hacer, después de la Globalización?”, podemos preguntarnos nosotros... Pues bien, sostengo que se entretendrá en la socavación de sus propias bases, en el aniquilamiento de sus propias condiciones de reproducción. Y que en esa hora temible de la agonía de un Sistema solipsista, un sistema sustancialmente fracasado a pesar de su mundialización, trance también de la zozobra de una Civilización, de su agotamiento (el ocaso de Occidente), no estará en absoluto descartada la posibilidad de la Catástrofe, de laQuiebra (ecológica o de otro tipo), de la Convulsión planetaria. Pero, ¿qué es, a fin de cuentas, lo que tanto tememos de la Catástrofe? ¿Qué tememos nosotros, los occidentales, de la Catástrofe, cuando la mayor parte del Planeta vive ya, desde hace tiempo, por así decirlo, en el corazón de la Convulsión, en las entrañas de la Quiebra?

    Con esta interrogante, visiblemente retórica, doy por concluido el esbozo de mi posicionamiento. Pretenderé, en adelante, desglosarlo y desarrollarlo punto por punto, pero siempre de un modo fragmentario, discontinuo, ojalá que impresionista, evitando deliberadamente los momentos de clausura, de cierre, de la argumentación, y feliz de suscitar vuestro desacuerdo, vuestra más acerada discrepancia...                          
*
Esta obra puede adquirirse en las librerías, por internet o contactando con la Editorial (Virus Editorial, C/ Aurora, 23, baixos, 08001-Barcelona; Teléfono/fax: 934413814; C/e: virus@pangea.org; http: www.viruseditorial.net ).






Recogemos el índice de esta obra, que confronta radicalmente las ideologías y las prácticas del Estado del Bienestar.


ÍNDICE

I. Introducción. Cartografía de la denegación del Estado del
Bienestar

II. Los críticos. De la ideología al cinismo señorial
1. Liberal/libertario. La cuestión del sujeto y los «idola» del
Estado del Bienestar
2. Un proceso teórico-político de la doblez: del marxismo a la
socialdemocracia
3. La mitología del progreso. Razón, civilización y exterminio
Por Julio César Carrión Castro

III. Los victimados. Morir de Estado: la trastienda alterófoba y
etnocida de las administraciones bienestaristas
1. De aborígenes y pastores: en los extrarradios del Estado
(Diferencia amenazada que nos cuestiona)
2. El Estado contra la idiosincrasia indígena. Del Estado liberal
«ilustrado» al proyectismo reformista o revolucionario del
Estado Social (El «ejemplo» mejicano)
3. Para los gitanos, todo Estado lo será siempre «del malestar».
Aproximación a una forma «interior» de etnocidio

IV. Los antagonistas. Conflictividad conservadora versus
autoconstrucción ético-estética del sujeto
Socialcinismos. Aproximación al orden de la
desobediencia inducida

Bibliografía y otras fuentes

 



LA BALA Y LA ESCUELA

La bala y la escuela (Holocausto indígena). Modos en que la educación oficial complementa el trabajo represivo de las fuerzas policíaco-militares en los pueblos indios de México

Pdf. de "La bala y la escuela"


Recogemos el “índice” y los primeros desarrollos de este trabajo. También el texto de la contraportada.



ÍNDICE

Primera parte
ESCUELAS CONTRA LA DIFERENCIA
A propósito de la escolarización forzosa de los niños de los pueblos indios de México   
Tradicionalismos revolucionarios      *pág. 3    
¿Un nuevo candor, medio milenio después?      *pág. 7
Los matices del “desengaño”      *pág. 20         
Lo que Occidente ya sabía: miseria del “multiculturalismo”      *pág. 32      
Subiéndose a un barco de salvamento diseñado para también hundirse      *pág. 32   
Escuela y “policía social anónima”. Trabajo cotidiano de ‘poda’ y recreación
de la subjetividad indígena      *pág.  40 
Colonialismo exterior e interior      *pág.  42
Adscripción étnica asignada      *pág.  46
Asimilacionismo multiculturalista      *pág.  49      
Vencer resistencias,” tratar” la Diferencia      *pág.  51
Una escuela”globalizada”, aunque policéntrica: los mismos marcos y semejantes pigmentos
para una notable variedad de representaciones pictóricas      *pág.  54

 Segunda parte
LA EDUCACIÓN VICTIMADA
Aproximación, desde una alteridad irreparable, a la “educación comunitaria indígena”
Intangible por informal      *pág. 58
Maravillosa ausencia de “profesores” y de “alumnos”      *pág. 59
Corrupción por el ejemplo: la funcionalidad cotidiana del nuevo magisterio mercenario      61
Democracia india “educativa”      *pág. 70    
Condición “comunera”, educación “localista”      *pág. 83    
Tequio, gozona, guelaguetza… (La dimensión educativa de la vida cotidiana indígena)    103
Mitos, leyendas, cuentos, rituales,… (Los huaraches del espíritu)      *pág. 111

Tercera parte
LA ELECCIÓN ZAPATISTA
¿Para qué Escuelas en la selva?
Marco general de la discusión: Educación comunitaria indígena versus Escuela de planta
occidental      *pág. 126
Lejos de todo tutelaje de la acción “del otro” por un pensamiento separado: el lugar de la
perplejidad y la reserva      *pág. 129
Las aporías del proselitismo “de izquierdas”      *pág. 131
Daño infligido a la idiosincrasia indígena por la “pedagogía implícita” de la Escuela       135
La “aristocratización” de los educadores      *pág. 149
Aparatos ideológicos, pero ¿de qué Estado? (La Escuela como expediente desesperado
para la reproducción, desde el ámbito superestructural, de una “autonomía zapatista”
amenazada en su soporte material)      *pág. 153
Reificación” de la Escuela (Blonskij, en el olvido)      *pág. 160
Los “límites” de la mirada occidental   *pág. 167

Primera parte

 

 

ESCUELAS CONTRA LA DIFERENCIA

A PROPÓSITO DE LA ESCOLARIZACIÓN FORZOSA DE LOS NIÑOS DE LOS PUEBLOS INDIOS DE MÉXICO

 

 

Tradicionalismos revolucionarios


1)
   Esta obra perece en el dominio meramente indicativo; sobrevuela el conjunto de impresiones, sospechas y tesis incipientes que están acompañando la génesis de un libro sobre la función altericidade la Escuela. Nos hallamos en medio de un trabajo de investigación, no después del mismo: de ahí la provisionalidad y la “afición al fragmento” de este escrito.
  Partimos de una intuición teorética que nuestras experiencias de cooperación con organizaciones campesinas e indígenas del área centroamericana han corroborado plenamente: la existencia de “tradicionalismos revolucionarios”...

2)
  Andrei Tarkovsy hizo decir al protagonista de su película “El sacrificio” unas frases muy bellas en su aparente paradoja, que subrayan el circunstancial valor transformador del inmovilismo, la eventualidad de que también la tradición pueda revestirse de un potencial revolucionario:

 “Sabes, algunas veces me digo a mí mismo que, si cada día, exactamente a la misma hora, realizara el mismo acto siempre, como un ritual, inmutable, sistemático, cada día a la misma hora, el mundo cambiaría. Sí, algo cambiaría, ¡a la fuerza!”

  La Modernidad puede verse, de hecho Henri Lefebvre quiso verla así, como un “rodillo compresor”, un rodillo que oprime y aplasta la alteridad. Donde subsiste una peculiar especie de lo no-moderno, a un tiempo pre-moderna y anti-moderna, resistencia pos-moderna grávida de un futuro impensado, palpita también una forma de diferencia que el poder teme y persigue: no son “modernas”, por ejemplo, las Comunidades indígenas “en Usos y Costumbres” que persisten en varios estados de México; se apegan, de hecho, a unos valores y unas formas de organización “tradicionales” contra los que se dispone en nuestro tiempo el rodillo homogeneizador del Capitalismo tardío.

3)
    No toda tradición es peligrosa de cara al orden social general, por supuesto. Cuando el presente puede ver en el pasado su “germen”, astillas proféticas, lo que “era” antes de “ser”, la tradición correspondiente se empolva y conserva, se mima, se cuida, se nos enseña a amarla como a una madre, a perdonarle sus inevitables caducidades, a venerar su sabia vejez. Pero cuando el presente tropieza con un pasado que apuntaba en otra dirección, donde no reconoce semillas de su ser, un pasado sin retoños o con retoños extraviados, un pasado hostil que lo cuestiona y deslegitima, un pasado eterno que, como apuntara incisivo Benjamin, sólo podría redimirse en un futuro escapado delcontinuum de la historia, entonces pone en marcha su pesada maquinaria compresora.
   Sólo es capaz de percibir en esa tradición esquiva, en esa diferencia añosa, un objeto que doblegar o que aniquilar -así lo exige la lógica del interés que lo constituye. Desplegará ante ella esas poderosas estrategias inclusivas y exclusivas, “fágicas” y “émicas” (en términos de Z. Bauman), a las que nos hemos referido en otra parte. Este es, exactamente, el caso de las comunidades indias de México regidas por “autoridades tradicionales” y organizadas política y económicamente en el respeto de la consuetudinaria “ley del pueblo”.
   No es irrelevante que la “democracia directa”, bajo una versión no-occidental, y la “propiedad comunera” de la tierra, entendida de un modo que tampoco cabe en los idearios colectivistas o cooperativistas clásicos del utopismo europeo, ocupen un lugar muy destacado en los Usos que estos indígenas defienden con tanta tenacidad. No es irrelevante que el modelo de “transmisión cultural” sancionado allí por la costumbre, que podríamos denominar “la educación comunitaria”, en todas partes herida y en todas partes desfalleciente, nada tenga que ver con el consentido horror de nuestras Escuelas, con el crimen cotidiano de la Enseñanza Moderna.



Texto de la contraportada:


   Pedro García Olivo argumenta, desde un profundo análisis del devenir moderno y contemporáneo de México, cómo la Escuela, ya desde la época de la Revolución, se ha erigido en una instancia mayúscula de aniquilación de la idiosincrasia indígena, de exterminio de la diferencia cultural y económico-política arrostrada por las etnias originarias.
   El modelo de organización autónoma indígena, allí donde no se vio sustancialmente alterado por la injerencia occidental, se caracteriza, y no sólo en Chiapas, por unas estructuras y prácticas sociales altamente participativas, con rotación de cargos y —en buena medida— de tareas, que rehúyen, por sí mismas, la especialización, favorecen el apoyo mutuo en forma de intercambio de bienes o servicios, evitan la monetarización de las relaciones y dejan en manos de la comunidad la administración de la justicia y la producción y difusión del saber.
  La educación en los pueblos indios no se «impartía» en recintos cerrados, bajo la vigilancia de un especialista, sino que constituía una tarea colectiva, que acontecía en el día a día —tal si se respirase—, de manera informal, puesto que los niños y niñas no eran excluidos de las diversas facetas de la vida cotidiana local. En detrimento de esta educación tradicional, comunitaria, sin aulas ni profesores, la Escuela multicultural que avanza en los últimos años en México (estrategia que simula una «aceptación» de la diferencia indígena mientras la reduce a mera diversidad, a forma cultural degradada en folclore) aspira a optimizar la colonización mental de los indígenas y su conversión en mano de obra barata. La implantación de la Escuela en las comunidades supone, sin remedio, la ruina del equilibrio interno. El maestro no suele ser nativo; no participa de la vida comunitaria; establece relaciones dinerarias con su entorno; se convierte rápidamente en sujeto de referencia, persona «que sabe», autoridad de hecho... La Escuela difunde hábitos sociales, ideas y valores hostiles a la organización comunera; favorece el abandono de las pautas culturales autóctonas por parte de los más jóvenes, a quienes se les inculca el deseo individualista de un éxito personal fuera de la comunidad y hasta en perjuicio de los intereses de la colectividad.
  Sin embargo, cuando la resistencia indígena entorpece este proceso de aniquilación cultural, y confluye además un interés económico que desata la avidez del capital nacional o multinacional, al lado de la escuela aparece la bala (el terror policial, militar y paramilitar), pudiéndose hablar de un verdadero holocaustoindígena, lento genocidio que los Gobiernos occidentales velan y alientan.
  El caso de los experimentos escolares zapatistas en Chiapas merece especial atención para García Olivo. Consciente de las dificultades a las que se enfrenta la resistencia chiapaneca, el autor intenta analizar en qué medida la inserción de la Escuela en el tejido comunitario puede constituir un avance en la consolidación de los modelos de participación y autogestión indígenas o si, por el contrario, pone en peligro el proyecto mismo de la autonomía. No es optimista respecto al papel que puede desempeñar la Escuela en el proceso revolucionario zapatista, y aboga por una profundización en la «educación comunitaria indígena», en las prácticas informales de enseñanza, en las instancias de transmisión cultural tradicionales, modalidades de socialización del saber, de subjetivización y de moralización de los comportamientos mucho más coherentes con el espíritu de la democracia india —y con el igualitarismo social y económico subyacente— que el engendro altericidade la Escuela occidental.

(Virus Editorial, Barcelona, 2009, 254 páginas)

EL EDUCADOR MERCENARIO

EL EDUCADOR MERCENARIO. Para una crítica radical de las escuelas de la democracia

Pdf. de "El educador mercenario" 

  El educador mercenario aborda, con un lenguaje claro y de un modo muy directo, los principales aspectos de la denegación contemporánea de la Escuela. Aporta argumentos y perspectivas para avanzar hacia una desaprobación absoluta de la figura, política y económicamente “reclutada”, del Profesor. Se sirve, para ello, de las distintas entrevistas realizadas, en los últimos años, al autor, de donde se extraen y reordenan los contenidos.
  Recogemos el prólogo de este trabajo, que se ha presentado como un manual de anti-pedagogía.

A MODO DE “PRÓLOGO”

   Escrituras ahuyentables I recoge las entrevistas que, durante los últimos años, sirvieron a Pedro García Olivo de 'escudo', de 'barricada' íntima, contra la fuente inconmensurable de su desasosiego: la Escuela. Las tesis que erigió asimismo en artilugios de combate, armas arrojadizas, mientras ejerció de "anti-profesor" inejemplar y cuando, pertrechado de desesperación, conseguía escapar de la docencia. Casi desde todos los registros conocidos (teoréticos, coloquiales, filosóficos, poéticos,...), el autor se ha forzado a 'hablar' de aquello que, tal vez, no le permitía 'vivir'. Esta sorprendente "heterogeneidad" en los modos textuales, conciliada con el testarudo centramiento en un objeto único, obsesionante -la Educación-, constituye quizás el rasgo más llamativo de la obra que presentamos. Por no decir nada del extemporáneo y desapacible radicalismo de sus tesis, siempre abrazadas a la experiencia de la persecución y, como se ha sugerido, de una locura sobrada de razón.
     Este libro, "no apto para cualquiera", como gustaba advertir Herman Hesse a propósito de su El lobo estepario, ha acertado, en nuestra opinión, con su título: Escrituras ahuyentables. Escrituras que cabe 'alejar', 'evitar', 'sortear' (ahuyentar); escrituras de las que podemos 'protegernos', sabedores de que nacieron con la voluntad de agredir ("Quién quiera que seas, defiéndete; pues voy a dirigir contra ti la honda de una terrible acusación", se nos 'aclara' en el encabezamiento de "Presentación"); escrituras de las que siempre es factible 'escabullirse', ponerse a salvo, como no ocurre con esas otras literaturas 'inesquivadas', casi 'inevitables', que caen sobre nosotros con la desfachatez del diluvio o de la escarcha y que tan difícil resulta no leer - best-séllers, ocurrencias de los autores 'de moda', montajes editoriales, obras complacientes de este o aquel "escribidor" mimado por el mercado,... "Escrituras ahuyentables" que definen desde el principio a su enemigo, el muy sacralizado 'engendro' que quisieran borrar de la faz de la Tierra: las Escuelas de la Democracia, nada menos que las mejores de nuestras Escuelas...
     "¿Eres la noche?", nos pregunta, brutal y desconcertante, Pedro García Olivo, recogiendo un verso en alemán de Rilke ("Bist Du die Nacht?"), casi como 'prolegómeno' para la extraña batalla contra uno mismo a que aboca la lectura de su obra. Nos gustaría concluir esta breve nota con una tentativa de respuesta: no lo hemos sido, no sabemos por qué no hemos podido serlo... Hasta nos parece ilegítima la pretensión de buscar en el lector la noche. Y, sin embargo, cuando pensamos en todas esas palabras sedientas de interpelación que casi se amotinan en Escrituras ahuyentables, a las que hemos añadido erráticamente estas pocas nuestras, quisiéramos poder abrigar todavía, con Juan Rulfo, la esperanza de que "algún día... llegará la noche".
    "¿Eres la noche?”
Víctor Araya
Valencia, canícula del 2007

DESESPERAR


Pdf. de "Desesperar"


   Para la contraportada de este libro, publicado por Iralka Editorial en mayo de 2003, se ha seleccionado un pasaje que recoge con toda elocuencia una de las ideas-rectoras del ensayo: “Sólo la desesperación nos libera de la mentira interior; sólo ella nos devuelve a la realidad árida, desnuda, casi cadáver, de una condición humana ajena al menor brillo y a la más nimia trascendencia. Instrumento de la liquidación sumaria de toda Quimera, podríamos definir la desesperación como un abrir los ojos sin cobardía ante el fantasma de lo que creemos que somos; un reconocimiento frío y sosegado de nuestra pequeñez de mugre, de nuestra insignificancia de ruido tenue en medio de una noche cualquiera, de nuestra impotencia de hojarasca mecida por los vientos más comunes.”  

Fragmento de Desesperar

5.
El Hombre De La Gallina Muerta En La Entrepierna

     Hay aquí un hombre con una gallina muerta en la bragadura que rompió con todos los modos concebibles de existencia al amarrarse voluntariamente a un solo quehacer. Encadenándolo de por vida a una sola tarea, fue su libertad la que le llevó a no esperar nada de las demás ocupaciones. Un hombre que rompió con todas las mujeres al no perseguir la carne de ninguna. Puesto que tenía un mulo, y no quería llegar muy lejos, dio la espalda a las satisfacciones viajeras del progreso, clavándose en esta tierra como la raíz de un espino. Aferrándose cada mañana a su silla de montar, para ir donde siempre como si fuera la primera vez y hacer lo de todos los días con el temple explorador de un aventurero, diríase que este hombre habita alguna oscura región de un tiempo que, sin ser presente, tiene aún menos de pasado que de inviable futuro.
   ¡Claro que está desesperado! Desesperado como el desierto, como el sol, como sus ovejas y mis cabras; pero de un modo distinto al de la mayoría de los profesores que conocí mientras ejercí de charlatán a sueldo, sobornado y perpetuo. Desesperado como los que se hartaron de luchar, y como quien ya sólo lucha por instinto; desesperado como la lucha contemporánea, como los condenados a muerte y un buen número de condenados a vivir... Dejó de esperar, desesperó.

6.
No Servir Ni Para Perder El Tiempo

    Cuando concebí este trabajo, se me representó como una cala respetuosa en un mundo reo de la marginalidad, objeto del más olvidadizo desconocimiento. Sin idealizaciones. Sin prejuicios. A salvo de la exaltación romántica en igual medida que del despreciativo despotismo urbano. Mostrar lo que estas tierras y estas gentes conservan de dulzura y de veneno, todo lo que atesoran de magia y bondad lo mismo que de ramplonería y malevolencia, su equipaje de encanto y de terror. Pero, por algún motivo, quizás debido a la flaqueza de mi imaginación y a mi escasa capacidad observadora, las palabras terminaron apuntando hacia otro sitio. Al final, mi consustancial desesperación me salva siempre de esos proyectos tan racionales, tan analíticos. Y vuelvo a entregarme a un hablar de mí mismo que no debe interesar a casi nadie. De hecho, a mí no me interesa. No espero nada de esta obra. No es lícito anhelar algo de ella. Ni siquiera sirve para perder el tiempo.

7.
Un Cuarto Cerrado

    Cuando el hombre de la gallina muerta en la entrepierna golpeó al Guardia Civil que le pedía de mala manera el carné de identidad, no esperaba, muy seguramente, ir a la cárcel. Cuando ingresó en presidio, desesperó al instante de salir de allí. Ahora que está fuera, ha comprendido que todos vivimos en una prisión, más grande o más pequeña. Y dice que más vale no esperar nada de la vida, ya que es un cuarto cerrado.

8.
Pocilga Literaria

    No espero nada de la literatura -a ella tampoco le cabe esperar mucho de mí. Me considero inmune a toda esa engañifa de “la buena escritura”. La figura, clásica o moderna, del escritor de talento me parece odiosa (y, a la vez, cómica, con un deje de patetismo que forma casi parte de su gracia de bufón). Detesto el gran mundo corrompido de los autores de renombre casi tanto como el mundillo lastimero de los escritores en busca de prestigio. Me repele la idea de que pueda existir una crítica literaria que no mueva a risa y un mercado de la obra de arte que no atufe a pocilga.
   Sin embargo, no escribo.

9.
Enrollaba Los Billetes Meticulosamente Y Los Introducía En Botes De Conserva Que Luego Esparcía Por La Cambra, Donde La Humedad, El Polvo Y Las Alimañas Se Encargaban De Echarlos A Perder

      He gastado veinte años en alimentar sin descanso un concepto “épico” de lo que mi vida estaba siendo y debía ser. La épica se halla indisociablemente unida a la esperanza: “la grandeza no es algo fortuito, debe ser deseada”, escribió un criminal. Como la desesperación se identifica con la ausencia de deseo (dejar de esperar es dejar de querer), situaba yo entonces mi vida en la antípoda exacta del punto en el que ahora me encuentro. Esperaba ser Hombre, Sujeto, mi propia Obra, Gesto intencionado, mentor de la Epopeya. Esperaba modelar mi vida como el escultor la roca, hacerme y deshacerme bajo la mirada despejada de mi libertad; esperaba llegar a alguna parte, conducirme insomne aunque también caprichoso; esperaba inventar una existencia propia, más mía que yo mismo, atrozmente diferente. Hallábame henchido de esperanza, rezumante de futuro, tocado de heroicidad. Y un día tropecé con el hombre de la gallina muerta en la bragadura...
    Orgulloso, parecía brotar de la tierra misma, con el vigor y la majestad de una sabina. El sí que se me antojó, muy exactamente, “una fuerza de la naturaleza”. Fallaba menos que el sol, que las flores, que el invierno. Y no salía jamás de su única, e inconmovible, ley de comportamiento: desde el alba hasta el anochecer guardar su hatajo de ovejas. Eso, y nada más. Eso, y para nada. Conducir ganado porque, habiendo nacido aquí, “era lo que esta tierra pedía”. Millonario, no trabajaba por dinero. Austerísimo, no cambiaba dinero por propiedad: enrollaba los billetes meticulosamente y los introducía en botes de conserva que luego esparcía por la cambra, donde la humedad, el polvo y las alimañas se encargaban de echarlos a perder. Señalado como el más rico de la aldea, su ya célebre habitáculo era no obstante el más humilde -con suelo de tierra, minúsculas ventanas sin cristales, chimenea antigua por toda cocina y cuadra a modo de cuarto de baño... Concebíalo exclusivamente como un lugar donde pasar la noche y resguardarse de los fríos. Más que en una casa -se comentaba maliciosamente-, vivía en un corral, al lado de los mulos y de los perros. Instaló en aquel refugio precario, como en un guiño de ojos al mundo moderno, un teléfono que no sabía usar y una lavadora que estropeó el día de su estreno. Nada más. Mantenía mil ovejas, lo que desde un punto de vista zootécnico resulta rigurosamente “imposible” para un hombre solo. Y, dejando aparte el enigma del pajarraco muerto, jamás había estado enfermo. No se descubría en su rostro la menor huella de desdicha, tedio o ansiedad. Plácido, tibiamente sonriente y acaso un tanto vigilante, sugería la imagen de un hombre a salvo de la amargura.

["Desesperar" está en proceso de reedición por el colectivo de La Revuelta, de Zaragoza. Para obtener un ejemplar, póngase en contacto con la editorial o con el autor]